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"La esperanza rueda"

  • Foto del escritor: Eder Angeles Hernández
    Eder Angeles Hernández
  • 29 jun
  • 3 min de lectura

Hay semanas en las que la política hace tanto ruido que no deja escuchar absolutamente nada; y hay otras, como esta, en las que hasta los políticos entienden que es mejor hacerse a un ladito porque el verdadero protagonista viste de verde, blanco y rojo. No se me espanten, bandita, no es que se hayan acabado las grillas, los destapes disfrazados de reuniones o las "casuales" giras de quienes ya andan haciendo su luchita rumbo al 2027; simplemente el Mundial llegó para recordarnos que todavía existe algo capaz de poner de acuerdo a millones de mexicanos... aunque sea durante noventa minutos.


Porque si algo sabe hacer este bendito deporte es regalarnos esperanza, hace apenas unas semanas la Selección Mexicana llegaba entre dudas, críticas y pronósticos poco alentadores; que si no había gol, que si faltaba carácter, que si el técnico, que si la convocatoria, los expertos ya tenían lista la lápida antes de que rodara el primer balón, y mírenos ahora.


Paso perfecto, cero anotaciones recibidas, una defensa que parece haber encontrado la brújula y una afición que volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: ilusionarse, porque sí, los mexicanos somos especialistas en eso.


Nos ilusionamos con un campeonato, con una elección, con un nuevo gobierno, con una obra pública o con la promesa de que ahora sí taparán los baches. Después llega la realidad y nos acomoda un par de cachetadas, pero mientras tanto nadie nos quita la emoción.


El siguiente obstáculo tiene nombre: Ecuador; no será un trámite, pero tampoco un gigante imposible de derribar. La historia favorece a México en los enfrentamientos directos, aunque todos sabemos que los partidos no se ganan con estadísticas ni con recuerdos; se ganan en la cancha, con inteligencia, carácter y aprovechando los momentos, algo que, dicho sea de paso, no les caería nada mal aprender a varios de nuestros políticos, porque el fútbol y la política tienen más cosas en común de las que muchos quisieran aceptar.


En ambos abundan los estrategas de café, los directores técnicos que nunca han dirigido nada, los comentaristas que todo lo saben después del resultado y los aficionados de ocasión que aparecen únicamente cuando el marcador es favorable, también existen las promesas incumplidas, los cambios de camiseta, los fichajes inesperados y hasta los que celebran un gol como si fuera suyo aunque jamás tocaron el balón.


Octavio Paz decía que "el mexicano puede doblarse, humillarse, agacharse, pero no rajarse". Quizá por eso el fútbol despierta algo tan profundo en este país. Porque cada partido representa una nueva oportunidad para demostrar que todavía creemos, que todavía nos emocionamos y que todavía somos capaces de empujar todos hacia el mismo lado, aunque sea por un rato, y eso, en los tiempos que vivimos, ya es bastante.


Mientras tanto, la política hidalguense parece haber encontrado una tregua temporal. Claro que continúan los movimientos discretos, las fotografías estratégicas, las reuniones "casuales" y los aspirantes que siguen midiendo el agua a los camotes para ver si les alcanza el combustible rumbo a la próxima elección, pero, seamos sinceros, esta semana la perrada tiene otros pendientes mucho más importantes.


Hoy las conversaciones no giran alrededor de candidaturas, giran alrededor de alineaciones, no se discuten encuestas, se discuten formaciones. No importan los colores partidistas, importan los colores de la camiseta, y qué bueno; ya que de vez en cuando también hace falta descansar de la polarización, apagar por un momento la grilla cotidiana y recordar que todavía existen cosas capaces de unir a un país entero.


Así que disfruten el Mundial, griten los goles, sufran los penales, abracen al desconocido de junto si hace falta y vuelvan a creer, porque para eso sirve el fútbol, y si México logra seguir avanzando, ya habrá tiempo para regresar a nuestra programación habitual, donde volveremos a hablar de políticos que prometen campeonatos... y apenas pueden completar el entrenamiento.


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