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De un color a otro… sin despeinarse

  • Foto del escritor: Eder Angeles Hernández
    Eder Angeles Hernández
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

En política nadie brinca sin red. Y cuando lo hace, no es por impulso… es por cálculo. La reciente llegada de Israel Félix a Morena no es un movimiento cualquiera; es de esos que no sólo hacen ruido, sino que mueven cimientos, incomodan a más de uno y, sobre todo, despiertan preguntas que no se responden con un simple “bienvenido”.


Porque sí, la foto es clara. El exedil de Mineral de la Reforma —que, dicho sea de paso, no terminó su periodo— aparece ahora vestido de guinda, hablando de transformación, de alineación y de compromiso con el proyecto estatal. Todo muy institucional. Todo muy correcto. Todo muy… conveniente.


Pero en la política es como bien dicen en mi pueblo: se trata de comer mier…coles de ceniza sin hacer gestos. Y aquí es donde el asunto se pone sabroso.


Porque no es ningún secreto quién apadrina políticamente a Félix Soto. El mismo que hoy despacha muy lejos de Hidalgo, pero que sigue teniendo mano, influencia y memoria. Y cuando un personaje con ese respaldo decide “alinearse” al poder en turno, no es por convicción ideológica repentina. Es estrategia pura.


Decía El arte de la guerra, de Sun Tzu, que “toda guerra se basa en el engaño”. Y en política, donde las batallas no siempre se ven, las alianzas muchas veces son movimientos tácticos disfrazados de coincidencias.


Ahora bien, tampoco hay que perder de vista el contexto, su paso por Mineral de la Reforma dejó más dudas que resultados, un municipio que no creció como se prometió, pero sí acumuló problemas. Y un sucesor que, lejos de aclarar el panorama, terminó por profundizar la incertidumbre.


Entonces la pregunta no es si puede o no integrarse a Morena. En política todos tienen derecho a reinventarse o por lo menos a intentarlo. Las verdaderas preguntas son: ¿Para qué llega? ¿Es un favor político bien cobrado? ¿Un mensaje directo a quienes ya se sienten con el hueso asegurado? ¿O simplemente una de esas “coincidencias” que en política rara vez existen?


Porque cuando alguien que venía de otra trinchera decide sumarse justo al grupo en el poder, no lo hace para aprender… lo hace para jugar. Y jugar en serio, aquí es donde la lógica es simple, aunque no siempre se diga en voz alta: más vale estar cerca del poder que enfrentarlo. Más vale negociar desde dentro que resistir desde fuera, y si en el camino hay que cambiar de discurso, de bandera o de convicción… pues se cambia. Total, la memoria pública es corta, pero el poder es inmediato.


La famosa “chapulineada” no es nueva. Es parte del ADN político nacional, lo que cambia es el momento y el “timing”, y este, hay que decirlo, parece quirúrgico.


Morena, por su parte, le abre la puerta, como ya lo ha hecho antes. Porque sumar perfiles (aunque vengan cargados de pasado) también es una forma de consolidar poder. Aunque eso implique incomodar a los que ya estaban formados en la fila.


Y ojito aquí… Al final, esto no va de ideologías, va de posiciones, y en ese tablero, cada movimiento tiene destinatario. Así que no, no es casualidad, no es improvisación, y mucho menos es ingenuidad, es política de la que no se explica… pero se entiende perfectamente.


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