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Mérito… o memoria corta

  • Foto del escritor: Eder Angeles Hernández
    Eder Angeles Hernández
  • 25 mar
  • 3 Min. de lectura

Últimamente en la política de Hidalgo hay nombramientos que sorprenden, otros que incomodan… y unos más que simplemente confirman lo que todos sospechaban; el reciente movimiento en el Poder Judicial de Hidalgo entra, sin mucho esfuerzo, en esta última categoría.


La llegada de Fátima Baños como titular del Instituto de Profesionalización e Investigaciones Jurídicas no pasó desapercibida y no por la expectativa que genere el cargo, sino por la conversación que despierta su nombre. Porque cuando el currículum levanta más cejas que aplausos, la duda deja de ser sospecha y se vuelve tema de conversación.


Y es que, como dirían en mi pueblo (y aquí se los digo sin rodeos): “me comentaron”. Que su formación académica se dio en casa y lo digo de manera sumamente literal. En una institución donde su propio padre es el propietario. Hasta ahí, podría no haber problema… si no fuera porque también se cuenta (y se cuenta mucho) que su presencia en las aulas era más bien simbólica y que las calificaciones fluían con una generosidad poco común. No por mérito necesariamente, sino por jerarquía. Pero bueno, dejemos ese capítulo como parte del folclor académico que tanto nos gusta ignorar cuando conviene.


Lo que sí está documentado es su paso por el deporte hidalguense. Con apenas 24 añitos, llegó al INHIDE con un currículum que ya muchos quisieran al final de su carrera. Una aparición meteórica, de esas que no se explican… pero se entienden. Y su gestión, lejos de consolidar, dejó más preguntas que… resultados. El famoso velódromo (esa obra que costó más de 20 millones) terminó convertido en símbolo del abandono. Las instalaciones deportivas, el apoyo a atletas, la proyección institucional… todo entró en una etapa que difícilmente alguien podría calificar como exitosa.


Basta una comparación simple: imágenes de 2016 frente a las de 2022. No hace falta narrativa, las fotografías hablan solas, pero la historia no termina ahí. Porque detrás del ascenso no sólo hay una trayectoria cuestionada, sino una estructura familiar que no deja de aparecer en escena. El padre, figura clave, operador constante, personaje que ha sabido moverse entre cargos y coyunturas. Desde su paso por Turismo hasta el crecimiento (curiosamente acelerado) de su institución educativa, siempre hay algo que observarle.


Y si de coincidencias hablamos, también está el tema de las herencias, de los terrenos, de las decisiones que, según se dice, dejaron fuera a más de un familiar en el camino o “guardadito”. Historias que se cuentan en voz baja, pero que forman parte del expediente no oficial de la política hidalguense; así funciona este juego.


Ahora bien, tampoco se trata de condenar sin margen. El cargo ya está asignado, la oportunidad está servida, y en política (y más aún en el servicio público) lo único que realmente puede callar las críticas es el desempeño. Lo que queremos es que demuestre capacidad, que ejerza con profesionalismo, que rompa la narrativa que hoy la persigue.


Porque si algo necesita el Poder Judicial es credibilidad. Y esa no se hereda, no se construye en familia ni se presume en papel. Se gana. Por lo pronto, la bandera observa con escepticismo, sí, pero también con memoria.


Porque en Hidalgo ya hemos visto muchas veces cómo las “nuevas caras” terminan siendo los mismos apellidos y ojalá (de verdad ojalá…) que esta historia no sea el inicio de una reactivación política de esas que llegan con sonrisa, pero cargan pasado y nos pegan en el futuro no muy distante.


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