"El consejero que movió el tablero"
- Eder Angeles Hernández

- hace 3 días
- 3 min de lectura
En política hay nombramientos que pasan de largo y otros que, aunque se anuncien con cara de trámite, hacen que más de uno se acomode la corbata, revise el teléfono y empiece a preguntar: “¿y ahora qué sigue?”. La llegada de Adán Augusto López como consejero de Morena rumbo al próximo proceso electoral en Hidalgo pertenece a esa segunda categoría; porque cuando alguien con peso nacional entra a mover las piezas, los que ya se sentían sentados en la mesa descubren que quizá todavía ni les habían servido la cena.
Y aquí empieza lo sabroso, bandita, porque la llegada del tabasqueño al tablero hidalguense abre una pregunta que nadie quiere formular demasiado fuerte, pero que seguramente ya circula en los pasillos: ¿qué va a pasar con las candidaturas que algunos ya daban por amarradas?
La primera lectura es bastante evidente; la cercanía de Adán Augusto con el llamado Grupo Universidad podría darle oxígeno a un grupo político que, aunque algunos quieran darlo por enterrado, tiene la mala costumbre de aparecer cuando menos se le espera; y si hablamos de relaciones políticas, también hay que poner sobre la mesa a Cuauhtémoc Ochoa, quien mantiene cercanía con el ahora operador morenista y que, sin hacer demasiado ruido, podría terminar beneficiándose de esta nueva configuración.
Casualidad, dicen algunos, sí, cómo no, en política las casualidades suelen llegar muy bien acompañadas y mientras unos celebran la llegada del nuevo consejero, otros seguramente están haciendo cuentas para saber cuánto pesa realmente ese nombramiento. Porque aquí aparece el famoso dedazo dictaminado desde ya saben donde, ese mecanismo que en los últimos tiempos ha servido para que más de uno duerma tranquilo pensando que la candidatura ya tiene nombre, apellido y hasta fotografía oficial.
Pues quizá no, el problema de sentirse candidato antes de tiempo es que uno termina confundiendo una conversación con una designación; un guiño con una candidatura y una promesa con un documento firmado, y parece que los guindas, aunque algunos quieran venderlo como una familia perfectamente acomodada, tiene dentro suficientes grupos, intereses y aspiraciones como para que cualquier movimiento nacional genere pequeños terremotos locales.
Anthony Giddens, en La tercera vía, plantea la necesidad de entender la política desde la adaptación a nuevas circunstancias; y vaya que esta nueva circunstancia obliga a varios a hacer precisamente eso: adaptarse. Porque si cambian los operadores, cambian las negociaciones; si cambian las negociaciones, cambian los equilibrios y si cambian los equilibrios, más de uno puede pasar de ser “carta fuerte” a simple espectador en cuestión de semanas.
Así que aquellos que ya se sentían con el hueso asegurado tendrán que respirar profundo, porque una cosa es tener buena relación con quien manda en el estado y otra muy distinta es sobrevivir cuando comienzan a repartirse las cartas en una mesa donde ahora surgen nuevos jugadores.
Y aquí viene lo verdaderamente interesante: ¿qué tan consolidada está la fortaleza morenista en Hidalgo si una sola designación puede mover tantas piezas? La respuesta la veremos conforme avance el proceso.
Por ahora, habrá que observar quién comienza a acercarse, quién deja de aparecer, quién cambia el discurso y, sobre todo, quién empieza a decir que “todavía no son tiempos electorales” mientras ya anda contando votos hasta en la fila de las tortillas.
Porque así es la política, todos dicen que no están buscando candidatura, pero curiosamente nadie quiere dejar de aparecer, y si algo nos ha enseñado la política hidalguense es que el que presume tener el camino libre suele descubrir, justo cuando comienza la carrera, que alguien más ya estaba construyendo una carretera.
Así que cuidado con los que ya se sienten elegidos; porque el dedazo puede seguir existiendo, sí, pero cuando aparecen varios dedos señalando hacia lugares distintos, hasta el más seguro termina preguntando quién trae la pluma para firmar.





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