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"Más y mejores incongruencias"

  • Foto del escritor: Antonio Díaz
    Antonio Díaz
  • 17 ago 2025
  • 3 Min. de lectura

La Rueda de la Fortuna


“Estábamos mejor cuando se decía que estábamos peor”, es actualmente una de las frases más recurrentes en las últimas fechas. Está relacionada con el poder legislativo, donde supuestamente se legisla en la “Casa del Pueblo”, en favor de la ciudadanía, y donde en realidad lo menos que se hace es respetar lo que en ese lugar tanto se pregona, ya que es en ese recinto, ubicado en la capital del estado, donde las restricciones, según periodistas, son las peores que se han tenido en la historia de ese poder del estado.


Y pareciera que todo se debe a un solo personaje que, según dicen, se llama Carlos Gamiño, quien de experiencia en la materia ha demostrado de sobra que no tiene nada. Además, por esa razón y por su intelecto, se descarta que tenga la capacidad de actuar de esa manera, ya que en ese tipo de cargos es conocido que quienes los ocupan son títeres y solamente reciben y cumplen órdenes. Aunque eso y su capacidad, en este caso, no le ha impedido incurrir en excesos para su comodidad.


Pero de eso hablaremos más tarde, porque lo realmente importante es lo que se hace y sucede en el poder legislativo, donde al igual que la labor del presidente de la junta de gobierno de la legislatura en curso —y para la que, para fortuna de muchos, solamente le quedan dos años— va igual que la labor del presidente de la misma: muy gris. Solamente se demuestra la inexperiencia, la falta de capacidad y hasta de ganas de hacer algo que realmente destaque a ese poder del estado y que se refleje en una mejor calidad de vida para la ciudadanía.


Para comenzar, en primer lugar lo que ha quedado demostrado con creces es que no es la Casa del Pueblo, pero sí la de los “amigos”, a los que de alguna manera se les obliga a obedecer. Las restricciones, como solamente entrar al Salón de Plenos —también llamado del Pueblo— únicamente para tomar fotografías y tener que aguantar en un lugar cada vez más reducido las sesiones, donde los temas son más viejos y los mismos que hace 20 años, lo confirman. Porque si se hace una revisión de las iniciativas y propuestas, son exactamente las mismas.


En cambio, el flamante y que nadie sabe qué tipo de trabajo realiza, don Carlos Gamiño, ya se apropió de lo que era el espacio de la sala de prensa, donde ya está a sus anchas y hasta con un sillón sofá para poder descansar de las extenuantes horas de “trabajo”. Su labor consiste en dar vueltas de su oficina al salón de plenos, a la Torre Legislativa y a su lugar de descanso, donde solamente espera hasta por más de cinco horas el comunicado oficial para enviarlo a las redacciones para su publicación. Aunque con esa “oportunidad y extenuante labor”, su trabajo —si así se le puede llamar— deja mucho que desear.


Pero la más grande de las incongruencias que se practican en la “Casa del Pueblo” es lo que se pretende con la aprobación de la Ley del Periodismo, ya que los legisladores de todos los partidos siguen llenándose la boca con la legislación sobre el tema, principalmente el amigo de todos, que es el presidente de la junta de gobierno. De él, ya muchos espacios sabemos que no lo quieren ni nombrar, no solamente por su bajo perfil o nulo trabajo, sino por actuar de manera contraria entre lo que dice y lo que hace.


Y de su empleado de comunicación social, que solamente está como buen soldado, no para pensar ni actuar con criterio propio, sino únicamente para obedecer, no se le puede exigir más. Lo malo es que, al igual que la gran mayoría, por no decir todos los legisladores y legisladoras, estos personajes —de los que hasta flojera da nombrar, pero sin duda son buenos para destacar su mal trabajo— parecen no haberse dado cuenta de que el tiempo pasa y que cada día es uno menos en sus cargos. O padecen el mismo síndrome de todos los funcionarios de toda administración: creen que van a estar siempre en los cargos de poder, a los que llegaron unos por el voto popular, otros por amiguismo o compadrazgo. Y quien diga que no es cierto y lo niegue, pues que aviente la primera piedra.


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