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Buenas vibras, viejas mañas…

  • Foto del escritor: Eder Angeles Hernández
    Eder Angeles Hernández
  • hace 4 días
  • 2 Min. de lectura

Arranca el año y uno quiere creer. Creer que ahora sí, que esta vez las cosas van a fluir distinto, que habrá buenas vibras, mejores prospectos y que, al menos por unos meses, el ruido bajará de volumen. Uno desea salud, y mucho trabajo, sobre todo. Lo de siempre, lo que no se desea, pero insiste, es el eco de los apellidos incómodos y el desorden político que nunca se fue, solo se tomó vacaciones mal pagadas.


Porque mientras algunos hacen rituales de año nuevo y otros publican frases motivacionales, hay quienes siguen operando con el mismo manual de siempre. Ese que huele a naftalina, a acuerdos en corto y a una idea muy peculiar de la vida pública. Sí, esa familia cuyo apellido ya tiene hasta libro propio, uno que no es precisamente de autoayuda. La Sosa Nostra no es una metáfora exagerada, es un recordatorio impreso de que en Hidalgo hay historias que se niegan a quedarse en el pasado.


El problema no es que “chapulineen”. En esta política mexicana brincar de partido es casi una disciplina olímpica. Otro detalle a no ignorar es que lo hagan con la misma naturalidad con la que otros cambian de camisa, sin rubor, sin explicación y, sobre todo, sin proyecto. Hoy de un color, mañana de otro, pasado mañana donde mejor acomode la coyuntura. Todo con tal de mantener el estatus, el control y esa sensación de que el poder es hereditario.


Y mientras tanto, nuestra máxima casa de estudios (la famosa UAEH), esa que debería ser espacio de pensamiento crítico y libertad académica, vuelve a aparecer como telón de fondo. Disfrazada de gestión, de acompañamiento, de estructura “ciudadana”. Nada nuevo, solo viejas costumbres con envoltura nueva. El uso político de lo educativo no escandaliza porque ya se volvió tan común, y eso es quizás lo más preocupante.


En medio de este escenario, me viene a la mente una frase de El Padrino que sigue siendo dolorosamente vigente: “No es nada personal, son solo negocios”. Así parece funcionar, no hay ideología, no hay principios, no hay proyecto colectivo. Hay cálculo, supervivencia y una lógica donde el poder no se discute, se administra entre los mismos.


Aun así, el año comienza y no todo es cinismo. También hay ciudadanos que empujan distinto, jóvenes que cuestionan, periodistas que incomodan y una bandita que, aunque cansada, ya no compra tan fácil el discurso reciclado. Tal vez no es suficiente, pero es algo, y en este país, a veces eso ya es más que ganancia.


Así que, ojalá sea un gran año. Ojalá nos vaya bien a todos, pero que las buenas vibras no nos hagan perder memoria. Porque mientras algunos brindan por el futuro, otros siguen aferrados a un pasado que se resiste a soltar el poder. Y como decía Don Vito, las cosas no siempre son lo que parecen… pero casi siempre terminan revelándose.


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