"Un Partido sin Trabajo"
- Eder Angeles Hernández

- hace 24 horas
- 2 Min. de lectura
Si las barbas de tu vecino… ves cortar, pon las tuyas a remojar. Y en el caso del PT hidalguense, más que remojarlas, habría que revisar si todavía tienen.
Porque lo que estamos viendo no es simple rumor de café ni especulación de radiopasillo: sus últimos movimientos y desbandadas han generado demasiados silencios incómodos y discursos reciclados que intentan vender como “reingeniería interna” lo que a todas luces sin duda muestra la crisis de liderazgo.
El Partido del Trabajo en Hidalgo vive días extraños, militantes que se van sin hacer ruido, cuadros que se repliegan, operadores que prefieren mirar desde la barrera. Y mientras tanto, su actual dirigente, Damian Sosa, parece atrapado en su propio laberinto: escándalos que no terminan de disiparse y una conducción política que, lejos de consolidar, fragmenta al interior día a día.
Hay liderazgos que construyen cohesión, otros que administran inercias. Y están aquellos que, como parece ser el caso, sólo llegaron a aplicar… tensión. Porque dirigir un partido no es repartir cargos ni lanzar arengas encendidas; es mantener equilibrio, estrategia y disciplina. Y eso, hoy por hoy, luce ausente.
Como bien se puede leer en El arte de la guerra, de Sun Tzu: “Cuando las órdenes no son claras, la culpa es del general.” Y en política partidista, cuando la tropa se dispersa, cuando los cuadros se desmarcan y cuando la narrativa interna se contradice, el problema no está en la base… está en la cabeza.
El PT pretende vender estos ajustes como renovación estratégica. Pero la renovación no se decreta; se demuestra. Y lo que hoy se observa es más bien una estructura debilitada, donde los cambios parecen parches de emergencia más que visión de largo plazo.
Mientras tanto, la crisis de información juega su propio papel perverso. Medios convertidos en replicadores de versiones no confirmadas, portales que publican primero y preguntan después, columnas que confunden análisis con chisme. La desinformación termina siendo el mejor aliado solo se genera ruido, se distrae y diluye responsabilidades.
Y aquí entra la otra lección clásica (esa que todo político presume haber leído pero pocos entienden): el poder no se sostiene con buena voluntad, sino con control, cálculo y percepción pública. Cuando la percepción se erosiona, el poder se vuelve frágil. Y cuando la narrativa la construyen tus adversarios (o peor aún, tus propios errores), el desgaste es irreversible.
Lo más preocupante no es la crisis interna del PT. Lo verdaderamente inquietante es el efecto dominó que esto provoca en el tablero político hidalguense. Una oposición fragmentada, debilitada o extraviada no equilibra el poder: lo concentra. Y cuando la oposición se extingue poco a poco, la democracia pierde oxígeno.
Hoy el PT parece más ocupado en sobrevivir que en proponer. Más enfocado en contener daños que en construir una real alternativa. Y en ese escenario, la perrada queda atrapada entre discursos grandilocuentes y estructuras que se pudren por dentro.
Así que sí, si las barbas de tu vecino ves cortar… más vale revisar las propias. Porque en política, el desgaste nunca es aislado. La caída de uno revela la fragilidad de muchos.
Y en Hidalgo, que bien sabemos es como la casa del jabonero, el que no cae… resbala.





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