Crónica de una muerte anunciada, ¿Orgullo o estrategia?.
- Fernanda García

- 5 oct 2023
- 3 Min. de lectura
Tal parece que el rector de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), Octavio Castillo Acosta, no tiene un buen asesor o quien lo hace en verdad lo quiere ver hundido hasta lo más recóndito de la humillación y la tragedia.
Y es que el utilizar recursos públicos para huir de los gritos de estudiantes que le exigían una disculpa fue lo más bajo que pudo haber hecho hasta ahora. Eso de que se fuera en automóvil de uso exclusivo para Suma TV fue desagradable hasta para él, porque, ¿Por qué huir de los gritos?, ¿A caso pensó que también podría ser víctima de secuestro como María Teresa Paulín?, ¿Creyó que jóvenes de entre 18 y 24 años se pondrían otra vez en riesgo a ser atacados por un grupo de choque?, ¿Qué habrá pasado por la mente del rector para aplicar la huida al estilo Ana Karen Parra?
Bien dicen que el que nada debe nada teme, pero parece ser que Castillo Acosta teme mucho porque debe mucho.
Pero hay algo muy importante qué analizar en este caso. Durante la mesa de negociación en el Icshu entre estudiantes, el rector y directivos de la casa de estudios, la petición de echar fuera del consejo estudiantil universitario a Esteban Rodríguez Dávila causó una discusión de poco más de dos horas en donde resultó ganador el rector con su propuesta de analizar hasta el 16 de octubre la posible destitución del joven como líder universitario.
Pero el momento catártico de la reunión fue cuando uno de los jóvenes universitarios en la mesa de negociación pidió al rector una disculpa pública por los hechos ocurridos el pasado 19 de septiembre en el edificio central de Abasolo y que reconociera que lo que pasó ahí fue por su culpa al mandar a golpear a los estudiantes.
Pero lo que parecería un acto de arrogancia y orgullo por parte de Octavio Castillo, la verdad es que de ofrecer una disculpa pública estaría aceptando que él dio la orden de agredir a los jóvenes manifestantes y sus familias, algo que no puede hacer porque hay carpetas de investigación abiertas por los hechos registrados ese día.
Ofrecer una disculpa sí le pega mucho al ego de Octavio Castillo, porque para él hubo una justificación para mandar a los porros a golpear a los jóvenes; además de que aseveró que los estudiantes quisieron privar de la libertad a María Teresa Paulín, hecho que no ha Sido denunciado por los manifestantes, debieron iniciar una carpeta por difamación, pero bueno, eso es otro tema.
Ofrecer una disculpa pública también lo metería en problemas con la ley, porque aceptaría su responsabilidad y eso no lo puede permitir, no puede pisar la cárcel, porque sus zapatos de miles de pesos podrían dañarse; ofrecer una disculpa pública es rebajarse demasiado ante el estudiantado y perder poder; ofrecer una disculpa pública lo tendría a un pie de la cárcel.
La verdad es que Castillo Acosta hizo una jugada mala que puso en jaque a su rey, pues aunque los estudiantes ya están cansados del paro, sus objetivos los mantienen en pie, pues no pueden permitir que su lucha se vaya a la basura en un dos por tres sin haber logrado nada, pues la renuncia de Paulín no es suficiente; Esteban Rodríguez debe pagar por los actos de violencia que ha protagonizado en los últimos meses, pues aunque la universidad lo niegue, él fue al Instituto de Artes a provocar a los estudiantes, él fue a golpear a estudiantes a Abasolo, él está amedrentando al estudiantado para acabar con el paro, él no protege al estudiantado, él no representa al estudiantado, él se sirve de la universidad, a él no le importa nadie más que él.
La actitud del rector solo demuestra que eso de que no habrá represalias es solo de dientes para afuera, porque es bien sabido que está muy molesto porque se le salió el tema de las manos, está enojado porque sabe que su ineptitud lo llevó hasta donde ahora está, está enojado porque sabe que no va a llevar a buen puerto el caso, está enojado porque ya no tiene autoridad, está enojado porque los estudiantes ya lo pusieron de rodillas aunque se resista a aceptarlo.
Castillo Acosta sabe que la guerra la tiene perdida, pero quiere seguir en la batalla con la esperanza de que su plan de dividir al movimiento resulte, porque ya puso a trabajar a todo su personal para desacreditar al movimiento, para enfrentarlos y para dividir, con la esperanza de volver a la normalidad, situación que no ocurrirá ni llegando a acuerdos.










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