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"Las corcholatas"

  • Foto del escritor: Eder Angeles Hernández
    Eder Angeles Hernández
  • hace 2 minutos
  • 2 Min. de lectura

Todavía falta para el 2028, pero en Hidalgo ya se oye el rumor de las corcholatas. Algunas bien pulidas, otras abolladas, unas recicladas y varias que insisten en flotar aunque el clima ya esté tibio. Así es la política local: se calienta antes de tiempo y se enfría cuando no conviene.


En el partido guinda el menú está casi servido. Simey Olvera aparece como una de las figuras visibles, con presencia mediática constante y agenda activa, aunque no exenta de tropiezos y ruidos alrededor de su equipo. Rebeca Aladro, en cambio, camina con perfil bajo, pero con algo que en política pesa más que el ruido: cercanía con el poder real y la percepción (cada vez más resonante) de que bien podría ser la favorita, de ya saben quien. Y por ahí, como carta que nunca termina de quemarse, vuelve a mencionarse Susy Ángeles, que aunque hoy parece fuera del reflector, sabe que en Morena nadie está muerto políticamente hasta que lo está.


Del otro lado está el tricolor. Ese PRI que fue maquinaria, músculo y hegemonía, y que hoy parece vivir de los viejos tiempos y discursos nostálgicos. Todo apunta a que Carolina Viggiano sería su carta fuerte, más por falta de opciones que por entusiasmo renovado. Aunque Marco Mendoza, dirigente estatal, parece mirarse al espejo con aspiraciones propias, como quien se autodestapa esperando que alguien más aplauda y haga eco de sus aspiraciones futuras. El problema no es quién sea la corcholata, sino si todavía hay mesa donde ponerla.


En el bando azul, el PAN, el rumor más recurrente es Xóchitl Gálvez. Un nombre que suena, pero que en Hidalgo difícilmente tomará fuerza. Pongan a quien pongan, el reto es monumental. No hay estructura sólida, no hay narrativa fresca y el electorado parece verlos más como espectadores que como contendientes reales.


Y mientras todos miran a los grandes, muchos hacen como si no existieran otros jugadores que, elección tras elección, pesan más de lo que se admite. Nueva Alianza, el partido del magisterio, sigue siendo una fuerza real. El SNTE no grita, no presume, pero vota. Y vota en bloque. Ignorarlos sería un error monumental y volvería a serlo para quien crea que la elección se gana solo con discursos y spots.


El tiro parece cantado, sí. Morena lleva ventaja, controla el tablero y tiene más piezas en juego, pero en esta tierra, como bien sabemos, vivimos en la casa del jabonero y el que no cae, resbala. Las confianzas matan campañas y los excesos suelen cobrarse caro.


Octavio Paz, en su libro de la Malinche, decía que “la traición no consiste en cambiar, sino en negarse a mirar lo que se es”. Y eso aplica perfecto aquí. No se trata de cambiar de partido, de discurso o de color, sino de no engañarse creyendo que el pasado ya no pesa o que el poder es eterno.


Las corcholatas ya ruedan. Algunas hacen ruido, otras avanzan en silencio. Falta tiempo, pero no tanto. Porque en política, como en el refresco, cuando se destapa antes de tiempo, lo que sigue casi siempre es que se tire. Y la perrada, esa que muchos subestiman, suele ser la primera en notarlo. 


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