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Visitas, votos y “uñitas”

  • Foto del escritor: Eder Angeles Hernández
    Eder Angeles Hernández
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Hay visitas que pesan más que mil discursos, y cuando la presidenta Claudia Sheinbaum pisa Hidalgo una y otra vez, no es casualidad: es mensaje, es coordinación, es señal de que la relación entre Estado-Federación no sólo camina… corre. Fotos, anuncios, proyectos y esa narrativa de “vamos juntos”.


Hasta ahí, todo bien, gobernar de cierta manera también es alinearse.El problema empieza cuando bajamos del templete a la curul, porque mientras arriba se presume armonía, abajo (en el Congreso local) la cosa se descompone en cuanto aparece un tema que exige algo más que disciplina partidista: criterio. El debate sobre la tauromaquia fue el ejemplo perfecto, bastó ponerlo sobre la mesa para que cada quien sacará sus “uñitas”, sus filias, sus fobias y, sobre todo, sus cálculos.


Y no, no fue un choque de ideas profundo ni una deliberación de altura, fue más bien un desfile de posturas encontradas, discursos a medias y decisiones que parecían responder más al termómetro político que a la conciencia pública. Porque cuando se trata de ponerse de acuerdo, nuestros legisladores han demostrado una gran habilidad… para precisamente no hacerlo.


Ahí es donde la bandita se queda viendo y preguntando: ¿Dónde quedó eso de representar al pueblo? ¿En qué momento la voz ciudadana se convirtió en ruido de fondo?

Porque legislar no es improvisar ni posicionarse para la foto. Legislar es asumir costo, construir consenso y, sobre todo, decidir pensando en quienes te pusieron ahí, pero en la práctica, lo que vimos fue otra cosa: cada quien atrincherado, cada quien cuidando su esquina, cada quien jugando su propio partido, lo que dio muestras de verdadera pena ajena.


Y no por el tema en sí (que puede dividir opiniones, claro) sino por la forma, por la incapacidad de procesar diferencias sin convertir el recinto en un tablero de ocurrencias, por esa facilidad para enredarse en temas sin fin mientras lo sustantivo sigue esperando turno.

Porque si algo debería preocuparnos no es que haya desacuerdos, eso es sano. Lo preocupante es que no haya método, ni rumbo, ni responsabilidad compartida para resolverlos, que todo quede en posturas, en discursos, en votos que se emiten y se olvidan… hasta la siguiente polémica.


Mientras tanto, el mensaje de arriba contrasta: coordinación, constancia, presencia. Y abajo, el eco es otro: fragmentación, cálculo, ruido, en algún lado tiene que caber la prudencia. Y, sobre todo, la memoria.


Ojalá que cuando lleguen temas de verdadera relevancia para el estado (de esos que sí cambian vidas) nuestros legisladores recuerden para y por qué están ahí; que legislen, que construyan, que piensen en la gente y no en el siguiente movimiento de su carrera. Porque el poder se presume con visitas… pero se valida con votos, y esos, hoy por hoy, siguen quedando a deber.


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