"Cuando la forma se come al fondo"
- Eder Angeles Hernández

- hace 11 horas
- 2 min de lectura
Dicen que una imagen vale más que mil palabras. El problema es cuando una fotografía termina explicando mejor el funcionamiento de una institución que todos los discursos oficiales juntos. Y vaya que esta semana Hidalgo nos regaló una de esas postales que difícilmente pasan desapercibidas: servidores públicos, directivos y personal de la Unidad Especializada en Combate al Secuestro disfrutando de una animada celebración al interior de las instalaciones encargadas de perseguir uno de los delitos más delicados y dolorosos que existen.
Y antes de que alguien se rasgue las vestiduras, no. El problema no es la fiesta, cada quien tiene derecho a celebrar, convivir y hasta echarse un baile si así lo desea. Lo verdaderamente incómodo es el escenario, porque cuando se trata de instituciones que cargan sobre sus hombros investigaciones relacionadas con secuestro, desapariciones y delitos de alto impacto, las formas importan… y mucho.
La confianza pública es una cosa extraña: tarda años en construirse y apenas unos minutos en deteriorarse; si los resultados fueran impecables, si la percepción ciudadana fuera de absoluta eficacia y si cada caso encontrará justicia pronta y expedita, probablemente nadie tendría argumentos para cuestionar una convivencia, pero en un país donde miles de familias siguen esperando respuestas, donde la inseguridad continúa siendo una preocupación cotidiana y donde la credibilidad institucional enfrenta desafíos permanentes, las imágenes terminan hablando por sí solas.
Porque la ciudadanía no observa únicamente lo que hacen las autoridades. También observa dónde lo hacen, y mientras las redes sociales discutían sobre la famosa pachanga, otro escenario completamente distinto se desarrollaba en Plaza Juárez.
Ahí la presidenta Claudia Sheinbaum recibió una demostración de respaldo político pocas veces vista. Alcaldes, legisladores, dirigentes partidistas, funcionarios, simpatizantes y prácticamente toda la fauna política hidalguense se dio cita para acompañar el mensaje presidencial sobre la soberanía nacional, y hay que decirlo con claridad: la imagen fue contundente.
Más allá de colores, simpatías o diferencias ideológicas, la presencia masiva de actores políticos locales mostró una realidad difícil de ignorar. Hoy, Hidalgo se encuentra plenamente alineado con el proyecto político nacional que encabeza la presidenta. No hubo medias tintas ni mensajes ambiguos, la fotografía política fue clara y perfectamente encuadrada.
Curiosa coincidencia; en una semana tuvimos dos imágenes poderosas, una mostró funcionarios celebrando dentro de una institución cuya seriedad debería ser incuestionable, la otra mostró a una clase política completamente sincronizada alrededor de una figura presidencial que hoy concentra buena parte de la fuerza política nacional, dos sitaucionesm, dos mensajes, dos formas distintas de entender el poder.
Porque al final la política moderna se ha convertido en eso: una sucesión permanente de imágenes, algunas inspiran confianza, otras generan dudas, algunas unen mientras que otras exhiben.
Y aunque los discursos sigan ocupando horas y horas de micrófono, la realidad sigue teniendo una costumbre incómoda: la perrada termina creyéndole más a lo que ve que a lo que le cuentan, por eso convendría recordar algo que muchos servidores públicos suelen olvidar.
En política, como en la vida, no todo lo que puede hacerse debe hacerse, sobre todo cuando hay cámaras cerca, y vaya que esta semana las hubo.





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