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DESABASTO DE AGUA, GRAVE DISYUNTIVA

  • Foto del escritor: diarioentrelineas
    diarioentrelineas
  • 6 dic 2022
  • 2 Min. de lectura

Es cierto que como ciudadanos tenemos derecho a contar con los servicios que consideramos vitales para el desarrollo humano; es cierto que la autoridad estaría obligada a proporcionar estos servicios, así debería funcionar.


En el caso de la dotación del agua potable, el servicio presenta serias condicionantes, entre ellas una red de distribución muy antigua que permite la pérdida del líquido de manera escandalosa, por decir lo menos, lo cual lleva al grado de urgentes las inversiones para modernizar el tendido.


Pero existe otro factor, es más importante y preocupante: la falta de agua. Sólo basta recordar que Pachuca y las más importantes ciudades de Hidalgo en donde se presenta esta carencia, se ubican cerca de los dos mil metros sobre el nivel del mar y presentan un promedio de precipitación pluvial anual muy por debajo de otras urbes mexicanas ubicadas en otros estados. De entrada, la situación ya se torna grave.


Esos factores obligaron a los habitantes del altiplano hidalguense a depender casi exclusivamente de los mantos freáticos de la zona y de los depósitos localizados en el subsuelo, a tal velocidad que su recuperación a sido imposible, al grado de presentar una escasez que ya afecta a miles de familias de Hidalgo.


Ese es el panorama. Pero hay más y es la lamentable conciencia colectiva que tenemos en el uso y cuidado del agua; seguimos pensando que hay y queremos darle el uso al que estábamos acostumbrados, sin prudencia, desperdiciando el líquido como si no fuera a terminarse. Pero se está terminando y no hacemos caso, a pesar de las advertencias.


No son pocas las tensiones internacionales generadas por la disposición de agua; ojo, ya no por petróleo u otros energéticos. Hace pocas semanas, en el norte del país, también se presentaron desacuerdos entre entidades, ante la carencia de agua.


No está lejana en la memoria la crisis que provocó una intensa sequía en la ciudad conurbada de Monterrey y que sólo fue aliviada con la llegada de las lluvias, sólo eso. No sirvieron programas oficiales ni mucho menos las declaraciones huecas.


Ahora son los habitantes de los centros poblacionales de Hidalgo en donde se padece la falta de agua, ya por semanas. Resulta hasta obvio exigir resultados a las autoridades para resolver el problema. La verdad es que simplemente NO HAY AGUA y de la poca disponible, mucha se derrama sin ser utilizada, ante una red antigua y que exige una modernización. Y otra parte, se tira ante una falta total de cultura de preservación y cuidado del agua por parte de la ciudadanía. LA RESPONSABILIDAD ES DE TODOS.


Que estamos en nuestro derecho de exigir a las autoridades y las dependencias oficiales la dotación del líquido, es cierto. Pero también es cierto que urge una nueva cultura en la materia que evite el desperdicio y contemple el reciclaje; podemos comenzar en nuestros hogares.


Es simple: no podemos generar agua, dependemos de las condiciones naturales para hacer uso de ella; sólo podemos responsabilizarnos en la forma en que la usamos y es urgente hacerlo de una manera DIFERENTE, es decir, que garantice resultados.


Las autoridades encontrarán la estrategia que optimice el recurso, pero somos los ciudadanos quienes tenemos la última decisión de cómo utilizarlo. Sumemos a la solución, no al problema.


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