"Un canal sin Pueblo"
- Eder Angeles Hernández

- hace 20 horas
- 2 Min. de lectura
La designación de Carlos Barra como director de Radio y Televisión de Hidalgo merece, de entrada, algo que en la vida pública escasea: el beneficio de la duda. No por ingenuidad, sino por lo que puede llegar a desarrollar. Las intenciones que ha expresado el chileno suenan bien, incluso necesarias. Convertir al llamado Canal del Pueblo en un referente informativo es una aspiración loable en un estado que necesita más periodismo y menos relleno.
Dicho eso, el entusiasmo no debe confundirse con amnesia. Porque de todos es sabido que al interior del canal no solo hay cámaras y micrófonos, también hay historia. Y no precisamente una ejemplar. Ahí habita un ecosistema complejo donde sobreviven dinosaurios comunicativos que han visto pasar administraciones, directores y discursos sin mover un solo centímetro de su zona de confort. Profesionales de la resistencia burocrática que saben exactamente cómo mantenerse vigentes.
El discurso de renovación siempre ha sonado bien. Lo hemos escuchado muchas veces. Promesas de contenido de calidad, de periodismo serio, de cercanía con la bandita, de modernización y apertura. El problema es que el canal no se cae por mala suerte, se cae por su falta de innovación. Se cae por decisiones erróneas, por malas administraciones acumuladas, por falta de proyecto editorial y por una inercia que durante años premió la comodidad sobre la creatividad.
Carlos Barra no llega a un lienzo en blanco, llega a dirigir una estructura cansada, con vicios arraigados y con un público que hace tiempo dejó de voltear a verlo. Revivir al canal no será cuestión de voluntad ni de conferencias bien intencionadas. Hará falta carácter, decisiones incómodas y una limpia profunda, ojalá y le permitan hacerlo, que vaya más allá del organigrama.
Porque querer ser referente informativo implica asumir costos, incomodar al poder, aunque sea un medio público. Implica apostar por contenidos que realmente informen y no solo acompañen. Implica entender que el periodismo no se decreta, se construye todos los días con credibilidad, rigor y trabajo. Y eso, en un espacio acostumbrado a la inercia, no será sencillo.
La perrada tampoco es tonta, sabe distinguir entre un cambio real y un maquillaje administrativo, se la sabe cuando le hablan con honestidad y cuando le quieren vender humo institucional. Por eso el reto es doble: transformar hacia adentro y recuperar la confianza hacia afuera.
Sin duda, Carlos Barra tiene frente a sí una oportunidad que pocos han sabido aprovechar, puede quedarse en el catálogo de directores bien intencionados que no lograron mover la aguja, o puede intentar algo distinto, aunque eso signifique enfrentarse a inercias, nombres de siempre y resistencias internas.
Por ahora, el aplauso es prudente, no entusiasta. El respaldo es condicional, no automático. Porque las buenas intenciones, en el Canal del Pueblo, ya no alcanzan, lo que hace falta es demostrar que esta vez, de verdad, el canal quiere despertar… y que no volverá a quedarse dormido apenas se apague la cámara.










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